Los psicólogos definieron las principales causas de los divorcios

Según las estadísticas, alrededor del 50 % de todos los matrimonios terminan en un divorcio. Al mismo tiempo, si una persona se decanta por formalizar un segundo matrimonio, la probabilidad de que éste fracase se reduce al 31 %. Los sociólogos están convencidos de que el segundo enlace tiene más posibilidades de prosperar porque las personas que lo conforman tienen más edad, más experiencia y claramente entienden lo que buscan en una relación. No obstante, estas familias también se separan. En este artículo te contaremos las causas principales que conducen a esa ruptura.
1. Carecen de confidencialidad

En el siglo XXI, este problema se antoja especialmente actual, ya que las redes sociales son una parte importante en la vida de cualquier persona. Hoy en día, publicar la foto de tu pareja es casi como lavarse los dientes: ya se ha convertido en un hábito y se considera algo habitual. Pero no todas las personas están dispuestas a exponer sus vidas personales como si fuera un espectáculo a la vista de todos.

Otro problema similar es hablar de la vida personal con amigos o amigas a espaldas de la pareja. Este comportamiento puede no gustarle a tu media naranja, lo que provocará discusiones frecuentes, y al final, un divorcio.

Qué hacer:
Para evitar estos problemas, habla con tu pareja y define los límites: qué se puede compartir con tus seres queridos y qué problemas mejor aclarar a solas, sin interferencias.
2. Diferentes formas de resolver conflictos

Todos hemos sido criados en diferentes entornos familiares, donde los padres nos inculcaron distintos valores y estereotipos. Por lo tanto, dos adultos pueden albergar ideas completamente contrarias sobre cómo se debe resolver un conflicto: uno calla que sufre el problema, acumulándolo todo en su interior, el otro expresa su enfado y explota incluso a partir de un infortunio minúsculo.

Si las personas no están dispuestas a cambiar y buscar compromisos a la hora de afrontar estas situaciones, a la larga el matrimonio puede desembocar en un divorcio.

Qué hacer:
Hablar de lo que te asusta o molesta porque tu pareja no tiene la virtud de leer la mente. Al mismo tiempo, los psicólogos recomiendan no recurrir a las fórmulas acusatorias del tipo “¡Tú gritas y me sacas de mis casillas!”, sino apostar por opciones más neutras, como por ejemplo, “Me duele y me asusta que levantes tanto la voz”. Otra opción es acudir a un especialista. Si el problema ya está consolidado y viene de lejos, no se puede prescindir en modo alguno de la ayuda de un psicólogo.
3. Intromisiones de los padres

Este problema es similar a la ausencia de confidencialidad. En este caso, uno de los miembros de la pareja no solo comparte la vida personal con los padres, sino también les permite inmiscuirse en cuestiones importantes relacionadas con su familia. Cuando los padres se entrometen en las vidas de sus hijos, rara vez esto termina bien.
Qué hacer:
De nuevo, fija límites. Está claro que uno no puede excluir por completo de su vida a los padres, pero es muy posible limitar su influencia en tu vida familiar.
4. Comparaciones

Las comparaciones constantes son deprimentes. Especialmente cuando estas no soplan a tu favor. Si tu pareja se esfuerza por ahondar o encontrar en ti un defecto, es probable que éste acarree discusiones constantes, lo que puede desencadenar en un divorcio. Los psicólogos estiman que, a veces, las personas que comparan constantemente no lo hacen del todo de manera consciente: tal vez hayan copiado este comportamiento de sus padres, o bien creen que, en general, esto es algo normal.

Qué hacer:
Si te afectan las comparaciones habituales en una relación, habla directamente sobre ello. Para evitar discusiones, tendrás que explicarle a tu pareja que esas palabras te hieren o simplemente te molestan. Si tu media naranja todavía te ama, se podrá encontrar una solución.
5. Presencia de niños de matrimonios anteriores
No siempre los hijos de matrimonios anteriores provocan un divorcio, pero a veces sucede. Normalmente esto ocurre si tu pareja no puede asimilar que ese niño no es suyo, trata de competir por captar tu atención o deliberadamente genera conflictos. Como resultado, el padre se da cuenta de que el hijo o la hija es más importante que la nueva relación, por lo que acaba divorciándose.

También se producen situaciones contrarias: el niño manipula al padre o la madre para que abandone la relación. Por lo general, sucede cuando ya son adolescentes y no pueden aceptar la idea de que sus padres se separaron.

Qué hacer:
Todo depende de cada situación en concreto. Si el niño agrava el problema, hace falta hablar con él más a menudo, explicándole que lo amas a pesar de todo. Y lo más importante: confirmar las palabras con acciones. Si el problema está en la pareja, vale la pena hacerle saber que el niño es lo más importante para ti. Y si tu media naranja no cambia de comportamiento, eso solo agravará la situación y puede acabar en una ruptura de la relación.

En ambos casos, a la pareja le vendrá bien acudir en busca de ayuda a un psicólogo.

6. La falta de voluntad de uno de los dos a la hora de tener hijos

Tener un hijo es una decisión responsable que deben tomar juntos los dos futuros padres. Pero si uno de los dos está preparado y el otro aún no está seguro de ello, esto puede llevar a la aparición de conflictos y malentendidos. Muchas personas, por lo general, no ven sentido a un matrimonio sin hijos.

La otra cara de la moneda sucede cuando un hombre o una mujer no pueden tener hijos debido a problemas de salud.

Qué hacer:
Si no puedes tener hijos por razones de salud, entonces, por supuesto, debes hablarlo con tu pareja antes de la boda. En tal situación, el silencio es similar a un engaño deliberado. Al pasar un tiempo, tu pareja, seguramente, te culpará por ello.

Si todavía no quieres tener hijos pero en el futuro tal vez cambies de criterio, también vale la pena hablar de eso. Pero no siembres en tu pareja falsas esperanzas.
7. Intervención de un ex

A veces sucede que los excónyuges continúan llevándose bien tras el divorcio, sobre todo, si tienen hijos en común. En esto no se observa nada malo. Pero si el matrimonio anterior invade al actual, esto puede convertirse en la causa de un segundo divorcio.

Qué hacer:
No vale la pena dar un ultimátum estricto a tu pareja, ya que él percibirá que esto sucede por su hijo del primer matrimonio y no por su excónyuge. Pero se puede pactar un compromiso: comunicarse en ciertos días o no hacerlo a ciertas horas. Explícale que es importante que te sientas necesario y no solo un reemplazo temporal de su excónyuge.
8. El maltrato emocional o físico

El maltrato emocional o físico supone una de las tres causas principales de un divorcio. Lamentablemente, con demasiada frecuencia las personas contra quienes se comete este tipo de abusos no se atreve a romper con la relación. Pero los psicólogos están convencidos de que definitivamente no vale la pena vivir con un maltratador. Y si una persona busca ayuda, la mayoría de las veces acaba decidiendo divorciarse.

Qué hacer:
En este caso, seguramente, no vale la pena siquiera intentar conservar el matrimonio. Según los expertos, es importante hacer todos los esfuerzos posibles para escapar de esa pareja sintiendo el menor dolor posible en el proceso.
9. Infidelidad

Esta es otro de los motivos más comunes de un divorcio. Si un cónyuge está buscando calidez, cuidado o relaciones íntimas fuera del matrimonio esto siempre revela problemas en su relación principal.

Qué hacer:
Perdonar o no una infidelidad depende solo de ti. Los psicólogos estiman que las personas pueden restablecer su relación e incluso devolverles la confianza anterior tras este episodio, pero para conseguirlo, ambos tienen que esforzarse en ello. Y aún más importante es la sinceridad y el deseo del infiel de preservar el matrimonio.