12 Cortas historias sobre citas fracasadas con las que no sabes si llorar o reírte


Una cita siempre es algo muy emocionante que también intimida, especialmente al comienzo de una relación. Los protagonistas de nuestro artículo simplemente querían que el primer encuentro con la persona por la que suspiraban fuera perfecto, pero se pasaron un poco. Por ejemplo, una joven, en vísperas de la cita, decidió untarse los labios con aceite de canela, por lo que sufrió una alergia muy fuerte, asustando tanto con su apariencia al caballero, que este perdió el conocimiento.

Otro joven también aterrorizó a su invitada tras haber aprendido todo sobre sus gustos y preferencias, absolutamente TODO. Y estas no son las historias más fuertes que les han ocurrido a los protagonistas de nuestra colección de hoy.

#1.

Durante una cita, mi novio me invitó a ir al teatro. Me puse un vestido de noche, me hice un peinado, tardé 2 horas en maquillarme... La tarde salió a la perfección, después del espectáculo fuimos a su casa. Todo el tiempo notaba miradas de admiración de los hombres hacia mí, por lo que estaba muy orgullosa de mí misma. Cuando llegamos a su casa, entré un momento en el cuarto de baño, me quedé pensativa y... como de costumbre, me quité todo el maquillaje. Dado que mi bolso se quedó afuera, tuve que salir del baño tal cual. Resultó que mi novio gozaba de un buen sentido del humor y me recibió con la frase “Señorita, ¿y usted quién es?”.

#2.

A mi amigo realmente le gustaba una chica. Antes de acercarse, averiguó todo lo que pudo sobre ella: quería sorprenderla. A la cita, acudió con sus flores favoritas, la llevó a su restaurante preferido, pidió sus platillos favoritos, incluso se vistió al estilo que a ella le gustaba. Durante la conversación, soltaba todas las cuestiones que había averiguado sobre ella, además, con todo lujo de detalles. Quería cautivarla por completo. En fin, la joven escapó de él gritando “¡flaco maniático!”.

#3.

Leí que el aceite de canela hace los labios más voluminosos y llamativos, así que me lo compré y lo apliqué en mis labios una hora antes de la cita y luego me desperté en el hospital: una fuerte alergia. Mi novio se preocupó ya que tardaba mucho tiempo en llegar, fue a mi casa, llamó a la puerta, golpeó muchas veces, pidió las llaves de emergencia a mi vecina (yo se las había dado), entró en mi departamento y me encontró allí, tumbada en el suelo, con los labios como el trasero de un macaco. Finalmente, mi héroe cayó inconsciente. Fue una cita inolvidable.

#4.

Tengo un hermano gemelo, solo nuestros padres saben cómo distinguirnos. En la adolescencia, yo era bastante activo en cuanto a conocer chicas, mientras que mi hermano, por el contrario, era muy tímido. Una vez conocí a una joven y decidí “pasársela” a él. En la segunda cita, lo mandé a ocupar mi lugar y todo iba bien hasta que al parque llegó el exnovio de esta y lo golpeó. Desde entonces, mi hermano resuelve los problemas de su vida personal por su cuenta.

#5.

Un joven me invitó a una cita y quedamos de vernos cerca de mi casa. Paseamos, charlamos... De repente, él dice, mirando a su alrededor: “Qué buen barrio, nunca he estado aquí. ¿Quieres ver dónde vivo yo?”. Nos subimos a un tranvía y vamos, después cambiamos al metro y seguimos. Bajamos... en mi propio barrio, pero en otra calle. No le digo nada, solo exclamo: “¡Qué buena zona, todo muy verde! ¿Quieres ver un truco?”. Subimos al tranvía, pasamos 2 paradas, y volvimos al lugar donde habíamos quedado. El chico entró en estado de shock. Resulta que se mudó hace poco a nuestra ciudad y todavía no sabía moverse bien. Pensábamos que vivíamos lejos el uno del otro, en diferentes partes de la ciudad.

#6.

Quedé para pasear con un conocido y decidí llevar a mi perro conmigo. Le dije que iría acompañada, pero que la sorpresa le gustaría. Y él, en secreto, decidió organizar una “cita” para su amigo. Nos encontramos en el parque, yo estoy de espaldas con mi perro en brazos y, de repente, doy media vuelta. Nunca había visto antes unos rostros revelando tanta sorpresa. En ese justo momento, el amigo de mi conocido dice: “En realidad, prefiero las rubias”.

#7.

Tenía mucho trabajo en el instituto de anatomía y me olvidé de la cita y la película. Mi nuevo novio llamó a mi casa (entonces, no había móviles). Mi abuela contestó el teléfono. El pidió que me pusiera al teléfono y mi abuela respondió: “Elena todavía está en la morgue, pero pronto volverá a casa”. El tipo nunca me volvió a llamar.

#8.

Me apreté un pequeño grano en la nariz antes de una primera cita con tanta fuerza que me rompí el tabique nasal. Soy una afortunada.

#9.

Un chico invitó a mi amiga a su casa. Ella quiso sorprenderlo, se puso un traje de enfermera, se puso encima un abrigo y se fue a la cita... En la entrada, se quitó el abrigo, adoptó una pose seductora y tocó el timbre. La puerta se abrió, era la madre del chico. “¿Llamaron a una ambulancia?”. Fue lo único que mi amiga pudo decir. Resultó que el joven quería presentársela a su mamá.

#10.

Mi abuela-compositora me enseñó desde mi infancia a entender la música clásica. Una vez fui a una cita y el chico empezó a decir que era músico y tocaba en una orquesta muy importante. Pero tres veces se confundió de compositor y de obra. Al principio pensé que eso le podía pasar a cualquiera, pero luego saltaron las alertas y empecé a sospechar. Le hice más preguntas para comprobar la cuestión con detalle. Resultó ser un electricista, decía ser músico para conquistar a las chicas.

#11.

Me di cuenta de que mi marido es un tipo raro, todavía en la primera cita, cuando le propuse que me hiciera cualquier pregunta, prometiéndole responderla francamente (se suponía que la pregunta tendría matices sexuales). Pero él no lo entendió, no entendió nada en absoluto y me preguntó lo siguiente: “¿Qué tipo de papas prefieres en la sopa? ¿Cuándo se cortan en trozos grandes o pequeños?”.

#12.

Conocí en un club a un hombre que realmente me gustó mucho. Fuimos a su casa, entré en el baño y por alguna razón decidí mirar en el armario debajo del fregadero. Allí, en los botes, flotaban órganos cubiertos de alcohol, había varias calaveras. Me encerré en esa habitación y llamé a la policía. En fin, este maníaco resultó ser profesor de anatomía en una universidad de medicina y todo lo que vi eran cosas que preparaba para su departamento. Fue todo muy vergonzoso. Pero él, como si nada, se reía de mí e incluso me invitó a una segunda cita.
Fuente: genial.guru